La misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual él revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo (MV 6). El “gran río de la misericordia” no se agota nunca, porque encuentra siempre personas que dan un testimonio concreto de ella en la vida cotidiana. Es un espectáculo increíble al que asistimos sobre todo en los momentos de grandes dificultades sociales y económicas y por las consecuencias de las calamidades naturales: una maratón de solidaridad que va más allá de la lengua, la raza, la religión y el país de pertenencia. Se descubre que existe un sentimiento que une a hombre y mujeres sencillamente porque todos pertenecen a la misma humanidad.

Las obras de misericordia corporales y espirituales se insertan en el interior de este proceso de solidaridad humana y, en todo caso, muestran específicamente una de sus características esenciales. “Lo han hecho conmigo” (Mt 25, 40)

OBRAS ESPIRITUALES DE MISERICORDIA

1) Enseñar al que no sabe
2) Dar buen consejo al que lo necesita
3) Corregir al que se equivoca
4) Perdonar al que nos ofende
5) Consolar al triste
6) Sufrir con paciencia los defectos del prójimo
7) Rezar a Dios por los vivos y por los difuntos.